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11/13/2008
Cita
NO AL MALTRATO
Para ti, cabrón: Porque lo eres, porque la has humillado, porque la has menospreciado, porque la has golpeado, abofeteado, escupido, insultado... porque la has maltratado. ¿Por qué la maltratas? Dices que es su culpa, ¿verdad? Que es ella la que te saca de tus casillas, siempre contradiciendo y exigiendo dinero para cosas innecesarias o que detestas: detergente, bayetas, verduras... Es entonces, en medio de una discusión cuando tú, con tu 'método de disciplina' intentas educarla, para que aprenda. Encima lloriquea, si además vive de tu sueldo y tiene tanta suerte contigo, un hombre de ideas claras, respetable. ¿De qué se queja?
Te lo diré: Se queja porque no vive, porque vive, pero muerta. Haces que se sienta fea, bruta, inferior, torpe... La acobardas, la empujas, le das patadas…, patadas que yo también sufría.
Hasta aquel último día. Eran las once de la mañana y mamá estaba sentada en el sofá, la mirada dispersa, la cara pálida, con ojeras. No había dormido en toda la noche, como otras muchas, por miedo a que llegaras, por pánico a que aparecieses y te apeteciera follarla (hacer el amor dirías) o darle una paliza con la que solías esconder la impotencia de tu borrachera. Ella seguía guapa a pesar de todo y yo me había quedado tranquilo y confortable con mis piernecitas dobladas. Ya había hecho la casa, fregado el suelo y planchado tu ropa. De repente, suena la cerradura, su mirada se dirige hacia la puerta y apareces tú: la camisa por fuera, sin corbata y ebrio. Como tantas veces. Mamá temblaba. Yo también. Ocurría casi cada día, pero no nos acostumbrábamos. En ocasiones ella se había preguntado: ¿y si hoy se le va la mano y me mata? La pobre creía que tenía que aguantar, en el fondo pensaba en parte era culpa suya, que tú eras bueno, le dabas un hogar y una vida y en cambio ella no conseguía hacer siempre bien lo que tú querías. Yo intentaba que ella viera cómo eres en realidad. Se lo explicaba porque quería huir de allí, irnos los dos…Mas, desafortunadamente, no conseguí hacerme entender.
Te acercaste y sudabas, todavía tenías ganas de fiesta. Mamá dijo que no era el momento ni la situación, suplicó que te acostases, estarías cansado. Pero tu realidad era otra. Crees que siempre puedes hacer lo que quieres. La forzaste, le agarraste las muñecas, la empujaste y la empotraste contra la pared. Como siempre, al final ella terminaba cediendo. Yo, a mi manera gritaba, decía: mamá no, no lo permitas. De repente me oyó. ¡Esta vez sí que no!–dijo para adentro-, sujetó tus manos, te propinó un buen codazo y logró escapar. Recuerdo cómo cambió tu cara en ese momento. Sorprendido, confuso, claro, porque ella jamás se había negado a nada.
Me puse contento antes de tiempo.
Porque tú no lo ibas a consentir. Era necesario el castigo para educarla. Cuando una mujer hace algo mal hay que enseñarla. Y lo que funciona mejor es la fuerza: puñetazo por la boca y patada por la barriga una y otra vez…
Y sucedió.
Mamá empezó a sangrar. Con cada golpe, yo tropezaba contra sus paredes. Agarraba su útero con mis manitas tan pequeñas todavía porque quería vivir. Salía la sangre y yo me debilitaba. Me dolía todo y me dolía también el cuerpo de mamá. Creo que sufrí alguna rotura mientras ella caía desmayada en un charco de sangre.
Por ti nunca llegué a nacer. Nunca pude pronunciar la palabra mamá. Maltrataste a mi madre y me asesinaste a mí.
Y ahora me dirijo a ti. Esta carta es para ti, cabrón: por ella, por la que debió ser mi madre y nunca tuvo un hijo. También por mí que sólo fui un feto a quien negaste el derecho a la vida.
Pero en el fondo, ¿sabes?, algo me alegra. Mamá se fue. Muy triste, pero serenamente, sin violencia, te denunció y dejó que la justicia decidiera tu destino. Y otra cosa: nunca tuve que llevar tu nombre ni llamarte papá. Ni saber que otros hijos felices de padres humanos señalaban al mío porque en el barrio todos sabían que tú eres un maltratador. Y como todos ellos, un hombre débil. Una alimaña. Un cabrón.
Extraído de http://porlavida.events.live.com/target=_blank/
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Impotencia
Y qué hacer cuando realmente, sabes que alguien está mal y necesita ayuda o apoyo, pero por diferentes motivos no se la puedes dar??? De qué sirven las palabras de aliento o incluso una simple conversación??? A veces desprestigiamos el calor de un abrazo o una simple mirada de comprensión. Es un tener que hacer y no saber muy bien el qué. Sientes que la otra persona sufre y que está mal, que busca algo que por diversas razones no le puedes hacer llegar. Qué hacer cuando estás atada por las manos y la otra persona no te pone fácil la recepción de lo que tu quieres dar??? Son tantos los momentos en los que siento esta necesidad de tener que responder ante una demanda de ayuda, que me surgen otros miles, en los que no se cómo actuar porque la otra persona se empeña en no dejarme. Es algo que me mata, una impotencia que casi a diario siento y que puede que algún día explote... Si a veces, supieran que esto me daña tanto, como el ver a esa persona mal, tal vez, me dejarían aportar algo de mi a la situación. Y lo último que me hace falta, es que me digas que lloras y no pueda limpirarte las lágrimas, eso ya me tortura...
Esperando que las cosas cambien para que los abrazos y palabras de ánimo dejen de ser virtuales!!!
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poemas
- La rutina de amarte Si es verdad que la rutina mata al hombre mujer, a la pareja, al amor. Pero… ¡Mi vida! Ahora solo deseo, entrar en la rutina de quererte y amarte cada día. ¡Mi amor! Que divina rutina, la de amarte con pasión día a día con tesón. Hacerte el amor cada noche. ¡Que derroche! ¡Que obsesión! Como deseo la rutina, de besarte y acariciarte cada día. De tenerte junto a mí en la cama y despertar pegado a ti de madrugada. Abrazarte y besarte al salir a mi trabajo y llegar de nuevo a ti, esperando recibir tu calido abrazo. Rutina que a unos matas, y a mi me harías tan feliz. ¡Te quiero en mi vida! ¡Que divina rutina sería, la de amarte cada día!!! 11/10/2008
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ESPERANDO SU REGRESO
Presa en un callejón sin salida
perdida en un laberinto del que no consigo salir
encerrada dentro de mi ser
escondiendo la tristeza y mi agonía
Recordando lo malo, olvidando lo bueno
presionada por lo que me rodea
incomprendida, olovidada, sensible
desanimada, maltratada por la vida
adentrada en el infierno de la desesperación
ahogada por los abateres de la vida
desganadas, sin fuerzas para luchar
fingiendo una sonrisa convertida en mueca.
¿Dónde está esa niña que un día conocí?
Añoro su alegría
sus ganas de vivir, su vitalidad
Esa niña fuerte, alegre
que nada le derrumba
con ganas de comerse el mundo...
Mientras tanto,
continuaré esperando el regreso
de la niña nunca olvidada
con el mayor de mis anhelos.
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